La posible esquizofrenia de Santa Rosa de Lima

Isabel Flores de Oliva (Lima, 1586 – 1617), patrona de Lima, del Nuevo Mundo y las Filipinas, y la primera americana en ser canonizada por la Iglesia católica —en 1671, por el papa Clemente X—, es sin lugar a dudas la peruana más célebre de todos los tiempos. Y, a pesar de ello, es también una de las más incomprendidas.

El artículo no pretende hacer una ofensa a la santa, sino por el contrario exponer una condición más con la que tuvo que luchar. Aparte de sus visiones y su conducta auto-lesiva desde niña, Santa Rosa sufría constante manía persecutoria y repudio al género masculino, así como otros rasgos que sugieren que tuvo que luchar con una enfermedad mental en que ganó la santidad y el amor de la laica peruana.

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El psiquiatra Mariano Querol dijo que Isabel Flores tuvo trastornos difíciles de clasificar y catalogar. “Presentó graves disturbios de personalidad, disturbios emocionales, de conducta, de auto-flagelación, impulsos masoquistas enormes, incluso iluminaciones, posición divina”, dijo.

“Santa Rosa de Lima si tenía momentos en los que participaba de reuniones sociales, se vinculaba con otros (…) Además logró plasmar en forma escrita, y con un lenguaje articulado, algunas de las visiones que inundaban su cabeza a partir de sus experiencias místicas”, añadió.

Incluso se aventuró a profundizar en la causa: “Para que una persona tenga un desorden de personalidad limítrofe como el que al parecer sufrió Santa Rosa de Lima, necesariamente tuvo que haber tenido en su historia una forma de abuso psicológico, sexual o físico”, acotó.

Cabe señalar que la fuente toma sólo la parte de su biografía conocida (sus auto-laceraciones, su rechazo y dificultad de relacionarse con el sexo opuesto y su tendencia a estropear su hermosura).

Fuente: https://panamericana.pe/locales/112710-psiquiatras-afirman-santa-rosa-sufria-trastornos-mentales/multimedia/2

Debido a su a su riguroso ascetismo, a sus visiones divinas, a sus experiencias extáticas, pero principalmente a la ferocidad y excesivo rigor con que —cuentan sus biógrafos, especialmente Leonard Hansen, autor de la primera de las más de 400 hagiografías que se han escrito sobre ella— castigaba su cuerpo, muchas personas e incluso no pocos estudiosos han querido ver en sus particulares prácticas religiosas los síntomas de una serie de trastornos mentales.

Anorexia nerviosa, esquizofrenia, trastorno limítrofe de la personalidad, e incluso una profunda neurosis causada por un hipotético abuso psicológico, físico o sexual, son algunas de las teorías que desde hace varios años se vienen barajando para explicar la conducta de la virgen.

No obstante: Como nos recuerda el psiquiatra y psicoanalista Moisés Lemlij, “en la religión católica hay una gran tradición de mortificación corporal como una forma de identificación con el sufrimiento de Cristo y como una manera de alcanzar la unión mística con Dios, que era practicado no solo por los religiosos, sino también por el pueblo. De modo que santa Rosa no fue una loca que se flagelaba porque sí ni se inventó que para lograr la fusión con su objeto idealizado tenía que azotarse. Esto ya venía de mucho antes”.

Asimismo, Carlos Cardó, sacerdote jesuita con estudios en psicología, nos dice que “es muy probable que los biógrafos hayan amplificado el aspecto penitencial de la santidad de Rosa. Resulta contradictorio compaginar en una misma persona rasgos tan neuróticos como los que nos sugieren penitencias tan crueles, y otros que hacen de ella no solo una joven normal para su contexto, sino admirable por su amor a la música y la poesía, su generosidad y entrega a los demás —en particular a los niños, pobres y enfermos—, su hondo sentido de responsabilidad, su sabiduría —muchos, incluso algunos sacerdotes, la tenían por consejera— y su amor a su ciudad”.

Y finalmente, suponiendo que santa Rosa hubiese sufrido, efectivamente, de algún trastorno mental, aquello no la haría menos “santa”, porque no fue canonizada únicamente por practicar este tipo de piedad cristiana, sino por una serie de razones políticas —como la necesidad de legitimar, ante el mundo occidental, la competencia espiritual de la población americana—, que Mujica desarrolla profundamente en su libro Rosa limensis—. Pero, principalmente, debido a las excepcionales virtudes que poseía, las cuales no deberíamos perder de vista si queremos obtener una imagen completa de la santa: como una persona real y no una estampa caricaturesca y anacrónica.

Fuente: https://elcomercio.pe/eldominical/isabel-flores-oliva-rosa-espina-noticia-451361

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